Cualquier observador, auditor y lector atento puede constatar que se están produciendo cambios graduales, rápidos e inevitables, en los contenidos de los medios de comunicación nacionales.Existe una clara orientación a la farándula y el showbusiness local. Si hacemos zaping radial nos podemos encontrar con algo que causa cada vez menos sorpresa: están transmitiendo un acto sexual en directo entre dos auditores que decidieron llamar a la radio para compartir su “experiencia”. Un canal de televisión asociado fuertemente con los valores de la religión católica tradicional, aparece “contradiciéndose” al mostrar programas con fuerte contenido erótico-sexual, y a personajes que desarrollan conductas contrarias a los valores cristianos como el adulterio, la separación, conductas homosexuales, etc. Este tipo de contenidos que cinco años atrás habrían espantado a gran parte de la sociedad chilena, ahora se viven con asombro, pero con “normalidad”.

¿Cuáles son los motivos de estos cambios? Un destino inevitable: la transformación de los medios de comunicación, desde una lógica de servicio público, a empresas únicamente preocupadas de aumentar el consumo, mercantilizando el periodismo en una sociedad que mercantiliza lo que se le pone por delante: lo que vende, eso es noticia; y el éxito económico genera imitadores -si un canal produce un reality el otro también- finalmente en esta competencia de mercado (ya no de golpes informativos) gana el que muestra más… y cada día inevitablemente hay que mostrar un poco más. Todos los directores de medios se preocupan centralmente por aumentar los niveles de venta de sus diarios y revistas; por los niveles de (tele)audiencia de sus programas televisivos y radiales. La matemática necesaria para sacar cuentas es muy básica: un público abundante garantiza un avisaje publicitario abundante.

 

La preocupación prioritaria por el beneficio económico produce efectos muy serios sobre los contenidos culturales y valóricos de los medios de comunicación, así como también efectos en el público. Quisiera llamar especialmente la atención respecto de uno de estos nuevos contenidos que los medios están utilizando para elevar sus ventas: La intimidad. Aunque, en realidad, más específicamente respecto a la forma en que los medios muestran la intimidad, y los efectos que esto puede traer en espectadores poco atentos, como somos nosotros la mayoría de las veces, especialmente respecto de la construcción de identidades individuales y colectivas.

Si pudiéramos establecer el ojo del tornado en estos cambios de los medios, muchos coincidirían en que los reality shows ocupan ese lugar central, por lo que este análisis estará centrado en ellos. Sin embargo, tanto la radio como los medios escritos se están transformando al copiar sus formatos y contenidos de la televisión, o al informar diariamente sobre las figuras de la pantalla chica y sus enredos. Por lo dicho anteriormente, las ideas que expondré a continuación también pueden hacerse extensivas a estas interconexiones entre medios, a la forma en que radios, revistas y diarios definen la intimidad al mostrarla.

1. Éxito y Relaciones Íntimas

Diversos estudios coinciden que uno de los factores que permite el funcionamiento de la Sociedad Moderna es la confianza que sus habitantes depositan en sus sistemas e instituciones.(1) Los medios de comunicación, insertos en este tipo de sociedades funcionan con esta misma lógica, ya que su público cree en la veracidad de sus contenidos, confían en ellos:

Para un gran sector de la sociedad, la televisión es la principal fuente de información y de interacción social. Consideran que lo que les llega a través de la pequeña pantalla es la realidad, lo que es, lo que existe. El mundo se reduce a las imágenes televisivas y éstas, al confirmar que las cosas son lo que parecen ser, proporcionan estructura y seguridad.”(2)

Que las personas sientan que esto es así, puede producirles la sensación de seguridad, ya que si se comprende el mundo se puede vivir más tranquilamente en él; pero más bien esa actitud implica un fuerte factor de riesgo, porque los medios de comunicación simplifican, fragmentan y esquematizan la realidad para poder mostrarla a sus espectadores. Por mucho que se esfuerce la televisión no pueden ser omnisciente, aunque ahora diga y muestre más que antes, no ha llegado a cubrir la totalidad de sensaciones de una persona ni la totalidad de hechos relevantes de nuestra vida social. Inevitablemente debe recurrir a un proceso de selección de aspectos de la realidad, marcada por elementos de valoración que permiten elegir, y que como hemos indicado, le dan una importancia fundamental a la utilidad económica de lo que se muestra. De esta forma, cuando los medios dicen que muestran la reality (realidad) de la intimidad, únicamente muestran una parte de ella, simplificada, fragmentada, esquematizada.

De a cuerdo al modelo desarrollado por la mayoría de los realitys las conductas que tienen las personas jóvenes en sus relaciones íntimas son principalmente dos: conspirar estratégicamente para conseguir metas; y desarrollar activas e inmaduras conductas sexuales.

1.1. Amistad

Varios pensadores han argumentado contra la denominada “primacía de la razón instrumental” en las sociedades modernas. El concepto de razón instrumental es entendido como un ejercicio de cálculo que permite actuar, optimizando recursos, para conseguir una finalidad determinada. La primacía de esta forma de pensamiento se debe a la enorme efectividad que han mostrado la ciencia y la técnica para resolver problemas de diverso tipo basados en este modelo de racionalidad, lo que ha terminado produciendo una “colonización” de diversos espacios de acción social, en los que en vez de buscar soluciones consensuadas, se busca la optimización de recursos y resultados únicamente preocupados de ser fieles a la lógica instrumental y sin considerar sus consecuencias.

Las críticas están dirigidas a la poderosa capacidad que tiene la razón instrumental de convertir en “materias”, “medios” o “instrumentos” a cualquier cosa que se le ponga por delante. En este proceso de colonización de nuestra vida cotidiana, las personas que nos rodean se pueden convertir única o principalmente en herramientas para conseguir nuestras metas en la vida.(3)

Las acciones comunicativas y consensuadas, el tiempo para escuchar sinceramente al otro, para intentar comprenderlo, para apoyarlo cuando nos necesite, o simplemente para pasar un buen momento juntos haciendo lo que nos gusta; se remplaza en los realitys por la desconfianza de que todos esas conductas que los otros tienen conmigo, más que “tener que ver conmigo”, son formas de respaldo y protección, de utilización, para que ellos consigan sus metas personales. La búsqueda de la amistad, es atravesada por una falta de sinceridad permanente, por conseguir triunfar, no se miden las consecuencias personales. Dice Helena Béjar:

“Este tipo de relación, en la cual los individuos <<toman nota>> de la mera existencia del otro, es un vivo ejemplo de lo deshumanizado de los tiempos modernos (…)

Estas relaciones tibias y descomprometidas se llevan a cabo a través de otras formas sociales tales como la discreción -distancia con respecto a una información que no quiere ser desvelada- y la confianza -que constituye un grado intermedio entre el saber y la ignorancia en relación al otro-. La discreción como reserva y la confianza como hipótesis sobre la conducta futura del <<otro>> son actividades propias de las llamadas amistades diferenciadas en las cuales se muestra solo una parte de la personalidad. Estos vínculos modernos nada tienen que ver con la amistad en sentido clásico que comprometía a los participantes por entero, sin límites ni temores, el uno con el otro.”(4)

A pesar de lo que indica la tradición, los chilenos no somos tan amistosos como pensamos, ya que en promedio poseemos 3,3 amigos cada uno.(5) Sin embargo, al contrario de las relaciones instrumentales de los realitys, los chilenos más amigables:

“…tienden a pasarlo mejor entre ellos son quienes tienen una mayor preferencia por la democracia, más participan en organizaciones sociales y exhiben un menor grado de desafección política.”(6)

Es decir, un mundo de relaciones personales, donde preocuparse por el otro es relevante, donde existe solidaridad y una búsqueda de acuerdo y no de “eliminación”, utilizando la terminología de estos nuevos programas televisivos.

 

1.2. Amor

Las relaciones orientadas a lo sexual en los realitys también se ven amenazadas fuertemente por las lógicas instrumentales que buscan conseguir el éxito por medio de la exhibición. Todos los procesos de conocimiento de otros, de enamoramiento, de seducción, etc., son afectados profundamente por los beneficios y perjuicios que trae para cada uno de estos personajes televisivos y mediáticos, exponer su sexualidad en pantalla. Si el público ha caracterizado a un personaje como un galán seductor, este no puede aparecer en pantalla leyendo un libro. La lógica de funcionamiento del programa lo obliga a mostrarse seduciendo a todas las mujeres que se le pongan por delante… en la medida en que eso le siga permitiendo conseguir la fama. En MTV hay un programa en que una mujer u hombre debe elegir entre dos candidatos para mantener una cita, descartando a alguien al final del programa.(7) De esta forma, más que luchar por la relación, los competidores muestran toda su batería de seducción instrumental con la finalidad de no ser descartados.

Las relaciones de pareja y amorosas fuera de pantalla, en cambio, responden a criterios de mayor complejidad. Los jóvenes no pasan meses encerrados con posibles parejas elegibles; no todos los jóvenes responden a los mismos patrones de comportamiento, belleza, disponibilidad, madurez y motivación respecto de lo sexual. Los jóvenes en el mundo externo deben convivir con familias que transmiten diferentes criterios valóricos que regulan su sexualidad y su iniciación sexual; tienen que convivir, en la sociedad chilena, con la poderosa influencia religiosa que relaciona sexo y pecado. Deben ejercer su sexualidad en un mundo de incertidumbres económicas, de estudios o en el comienzo de su vida laboral. Son jóvenes que desean a esos símbolos sexuales que muestra la televisión y los medios de comunicación en general, pero que no pueden hacer otra cosa que pararse en las esquinas, muchas veces sin oportunidades.

Sin embargo, es evidente que los jóvenes ejercen su sexualidad, y en forma cada vez más precoz. La edad promedio en que tuvieron su primera relación sexual los chilenos nacidos en 1980 es de 18 años para las mujeres y de 16,7 para los hombres.(8) Pero, tanto en jóvenes como en adultos, el objetivo de las relaciones no es únicamente el placer físico, sino que este primer encuentro y los posteriores, están fuertemente marcados por la satisfacción emocional y por las nuevas formas en que se desarrolla el amor en la sociedad actual. El informe del PNUD 2002 señala que, se están produciendo enormes cambios en la forma en que se vive el amor, por ejemplo respecto a la pérdida de importancia del matrimonio o del romanticismo, o más bien su reemplazo por relaciones donde predomina la autonomía, la satisfacción intelectual, y hasta un cierto grado de tensión entre individualidades que se enfrentan y se buscan comprender.(9)

El conjunto de características sobre lo sexual que acabamos de distinguir contrasta con el facilismo televisivo de los realitys y en general , de la vida sexual y afectiva de los personajes de la televisión a los que podemos a tribuir un patrón de comportamiento homogéneo en este ámbito de su vida: no quieren que se hable de su vida intima, pero venden los derechos de su matrimonio en exclusiva a un medio de comunicación; no quieren que se hable de su divorcio o adulterio, pero se exponen públicamente al escrutinio de las cámaras con su nueva pareja. En este proceso de simplificación, fragmentación y esquematización de lo que muestran, otro de los efectos de los medios es la homogenización y la asimilación de la diversidad y su potencial de libertad.

2. Individuos producidos en serie

Las imágenes como expresión de identidad son engañosas, no dan cuenta de todos los aspectos que revelan lo esencial de una persona o de un grupo humano, sobretodo si esas imágenes, como hemos venido repitiendo, sólo muestran partes específicas y seleccionadas de una totalidad que desborda los formatos de los medios de comunicación. Vemos a un joven en televisión con el pelo parado y teñido de un color extravagante, quizá lo podamos relacionar con la identidad punk, pero si ese joven no expresa ideas y se ve obligado por el formato televisivo a desarrollar conductas estandarizadas. ¿Podremos saber si es realmente lo que aparenta? ¿No podríamos terminar creyendo que ser punk, una identidad asociada con la oposición a nuestra sociedad, solo es un look para presentarse en la tele? Las transformaciones en los medios de comunicación están produciendo además una pérdida o banalización de la identidad personal y colectiva, así como también una simplificación de la diversidad cultural de la sociedad.

2.1 Identidad

Las identidades tanto personales como colectivas se definen en torno a un conjunto de rasgos culturales que se poseen, no se poseen o frontalmente se rechazan. ¿Cómo podemos precisar una identidad? Un primer paso sería observar conversaciones y declaraciones de principios que hay implícitas en ellas: ¿qué dicen las personas de sí mismas? O dicho de otro modo, ¿expresan un compromiso identitario al hablar, como por ejemplo, “soy mapuche”, “soy gay”, “soy católico”?

El compromiso verbal, sin embargo, puede ser insuficiente ya que podemos encontrarnos con comportamientos incoherentes. En segundo lugar debemos observar si desarrollan acciones que concuerden con sus discursos. Deberíamos preguntarnos entonces, ¿qué formas de actuar reflejan el compromiso con la identidad mapuche, gay o católica? Finalmente, un el último paso para precisar una identidad, y el más difícil de percibir, es distinguir la sinceridad, entendida como la correspondencia entre acciones públicas e intenciones verdaderas; la competencia, que se refiere a la habilidad para cumplir expectativas; y la confiabilidad, entendida como la capacidad de vigilarse y estar atento al medio para controlar lo que se prometió.(10)

Pero, para que la observación anterior sea posible, es necesario que exista un grado de estabilidad en la identidad, y eso es precisamente lo que no ofrecen los medios de comunicación. No podemos saber cuáles son los compromisos reales que tienen los personajes televisivos ya que solo se les muestra hablando respecto a ámbitos de interés específicos, como su orientación a la fama y su vida sexual, y se obvia todo lo demás. Las acciones que se desarrollan en ambientes mediáticos controlados, como por ejemplo, una casa estudio, o en general, cualquier ambiente construido y encuadrado por los medios de comunicación, no va a reflejar necesariamente un compromiso con una identidad que no ha podido ser verbalizada adecuadamente. Y, como describimos anteriormente, siempre tendremos la incertidumbre respecto a la sinceridad y la confiabilidad de estos personajes, marcados profundamente por la acción instrumental. De esta forma los medios de comunicación fomentan la pérdida de estabilidad de las identidades, que se pueden cambiar, de la misma forma que cambiamos marcas en nuestras formas de consumo. Un autor favorable a la forma en que los medios muestran, Ernest Gellner, caracteriza de esta forma al que el denomina “hombre modular“:

“Una sociedad de mercado funciona no sólo con precios cambiantes, sino también con afiliaciones y opiniones cambiantes: no hay ni un precio justo ni una categorización correcta de los hombres, todo puede y debe cambiar, sin que se viole en absoluto el orden moral. El orden moral no está comprometido ni con un conjunto de roles y relaciones prescritas ni con un conjunto de prácticas. Lo mismo sucede con el conocimiento: las convicciones pueden cambiar, sin el menor estigma de apostasía. ¡Y aun así estos lazos o vínculos tan altamente específicos, no santificados, instrumentales y revocables son eficaces! ¡Las asociaciones del hombre modular pueden ser eficaces sin ser rígidas!”(11)

 

La televisión y los medios de comunicación en general nos ofrecen constantes ejemplos de hombres y mujeres modulares que cambian de convicciones respaldados por el maquillaje; y al mismo tiempo, rechazan y no se interesan por quienes muestran coherencia, estabilidad emocional y valórica. Esta banalización de la identidad personal se hace más compleja al considerar las identidades colectivas y la forma en que las presentan los medios.

2.2. Diversidad

El tema de la diversidad cultural de una sociedad tiene fuertes implicancias políticas, sin embargo, por ahora no nos concentraremos en el contenido de la des-politización de los medios de comunicación. Simplemente quiero hacer manifiesto que los medios de comunicación no dan cuenta de la plural composición social de nuestro país. Sí, es verdad que aparecen los gitanos, personas que viven en campamentos, jóvenes asociados con distintas tendencias culturales y musicales, pero evidentemente son simplificados e idealizados.

Las exigencias económicas que marcan tan fuertemente los contenidos de los medios de comunicación, limitan profundamente lo que se puede decir y mostrar en los medios de las minorías:

“¿Cómo impedir la segregación, el racismo y la agresión? ¿De qué modo, para ser más precisos, evitar que los patrones y los usuarios de los mercados constituyan un aparato de dominación al cual se someterían las comunidades, reducidas por entero al estatuto de minorías?”(12)

Cumpliendo mi promesa de no centrarme en la parte política de este problema, no intentaré una respuesta a las preguntas planteadas por Touraine. Simplemente señalar que donde él dice mercados perfectamente podríamos escribir medios de comunicación, sin que se alterara profundamente el sentido de la redacción (sólo se haría más específico). El norteamericano Ken Dermota(13) describe los criterios de dominación por la lógica de mercado y de clase que deben tener los periodistas al momento de presentar la realidad. Si un medio de comunicación informa sobre la reforma laboral y sus entrevistados son políticos y empresarios, algo fundamental queda pendiente: el punto de vista de las organizaciones de trabajadores y el de la gente común. Ese medio no da cuenta de la diversidad social al informar, mismo criterio que se ocupa para simplificar la diversidad juvenil en los realitys. Por otro lado, aparte de denominada “modelo mapuche” los medios de comunicación tampoco dan cuenta claramente de nuestra diversidad cultural y étnica. Los mapuches, por ejemplo, sólo aparecen relacionados con movimientos sociales que tienen presencia en los medios únicamente al cometer actos violentos. Los medios de comunicación no informan sobre los motivos de sus reivindicaciones, y tampoco muestran qué significa ser indígena en un país, que a pesar de las apariencias, es racista.(14)

Esa diversidad juvenil ausente de los medios de comunicación está compuesta, entre otras identidades, por rastas, metaleros, punks, góticos, raperos, tagers, skaters, ravers…(15) Si ya conocemos alguna de estas tendencias, quizá podremos distinguir su look en los medios, pero a través del look no podremos comprender los tres elementos constitutivos de identidad antes descritos (compromiso verbal, acción y competencia o capacidad para mantener la coherencia con aquello que se vive).

Además, de estas identidades, relacionadas principalmente con la cultura musical juvenil, existen otras dimensiones de la diversidad que se relacionan con la asociatividad juvenil. La tercera encuesta sobre juventud del INJUV da cuenta también de una diversidad de intereses para asociarse, señalando que el deporte y la religión tienen mucha importancia para los jóvenes (un 37,8% participa en clubes deportivos y un 30,7% en grupos religiosos; además, un 22,1% participa en grupos de juego y un 16,4% en clubes juveniles).(16) Ninguno de estos elementos aparece mencionado relevantemente en los medios de comunicación al hablar de juventud.

En 1999 se difundió el primer capítulo de la serie televisiva llamada Yizo Yizo, por el canal SABCI, de Sudáfrica. El programa creado por Teboho Mahlatsi se centra en las vivencias de una escuela de un barrio pobre de ese país, donde la mayoría de la población es de raza negra. No es un programa que ofrezca una imagen equivocada o idealizada de los jóvenes, sino que por el contrario, trata abiertamente lo que significa ser discriminado y ser relacionado con drogas, fracaso escolar, violencia, delincuencia, únicamente por pertenecer al grupo de 20 millones de jóvenes negros que viven en condiciones de pobreza en ese país. El programa ha alcanzado niveles de audiencia de un 57% y también mucha polémica.(17) Resulta evidente que en nuestro país no tenemos un programa de este tipo ni nada que se le parezca; por el contrario, la televisión y los medios de comunicación en general resaltan solo aspectos parciales de la vida de los jóvenes de estratos bajos de nuestro país, principalmente asociándolos con la delincuencia o convirtiéndolos en un grupo social, del que siempre debemos sentir sospecha y temor. La diversidad de estratos económicos tampoco aparece claramente definida en los medios de comunicación.

En síntesis, es posible establecer que la televisión niega la existencia de muchas realidades, o al menos no nos permite conocerlas (y nos hace sentir temor de aquello que desconocemos). Y cuando llega a mostrar alguna parte de la diversidad que nos compone, la pasa por el filtro del consumo, presentándola como una moda, sin estabilidad, fácilmente modificable, y únicamente en la dimensión de la apariencia sin un trasfondo valórico, produciendo como resultado una exaltación del distanciamiento y el desinterés por la vida pública.

3. Palabras Finales

Los hechos presentados en este artículo en contraposición a lo que muestran los realitys, tampoco es la realidad. Es también una expresión simplificada, fragmentada y esquematizada del mundo que existe allá afuera, y que por lo tanto, refleja un proceso de selección valorativo y personal. Mi pretensión ha sido dejar de manifiesto que hay grandes diferencias entre ambos criterios, ya que los medios han privilegiado la utilidad económica como clave para comprender las relaciones y los intereses humanos, en cambio, a través de mi visión he pretendido dar cuenta de un mundo en que se olvida la dignidad humana y las distintas formas en que esta puede vivirse.

En este proceso de selección valorativa, también he entregado una visión simplificada y fragmentada de los mismos realitys. Hay otros muchos temas que pueden ayudar a comprenderlos, y que por razones de tiempo y espacio no están presentes aquí. Solo por nombrar algunos de esos temas, es necesario mostrar la imagen y los efectos de estos programas sobre la vida pública y privada de la sociedad, la sensación de seguridad, vigilancia y morbo que provocan, sus efectos socializadores y sus contenidos políticos implícitos, su imagen de mujer y de hombre.

4. Notas

 

1 Sobre esta cuestión de confianza-desconfianza en la Sociedad Moderna, ver: BECK, Ulrich. La sociedad del riesgo, Paidós, Barcelona, 1998. GIDDENS, Anthony. Consecuencias de la Modernidad, Alianza Editorial, Madrid, 1997. LUHMANN, Niklas., Confianza, Anthropos, Barcelona, 1996. Respecto a este tema el último autor señala: “La confianza emerge gradualmente en las expectativas de continuidad, que se forman como principios firmes con los que podemos conducir nuestras vidas cotidianas. Pero no todas las expectativas de esta naturaleza implican confianza; solamente aquellas que se preocupan de la conducta lo hacen, y entre las últimas solamente aquellas a la luz de las cuales uno compromete sus propias acciones, y que si no se cumplen nos harán lamentar nuestra conducta.” (op. Cit., p. 41) ¿Desarrollamos conductas confiadas a partir de nuestras relaciones con los medios de comunicación? Observen, por ejemplo, el respaldo que le daban los medios de comunicación norteamericanos a la forma de operar de empresas como ENRON, y que al poco tiempo quebraron estrepitosamente, llevándose consigo a pequeños accionistas; o la confianza que los medios transmitieron en la “verdad” sobre el armamento de destrucción masiva iraquí que anunciaba el gobierno norteamericano, y que ahora es fuertemente cuestionado. Sobre esto ver: FRANK, Tom. Las mil y una estafas de Enron, en Le Monde Diplomatique (edición chilena), n° 17, marzo de 2002, pp. 14-15. KLINENBERG, Eric. La voz monocorde de los medios estadounidenses, en Le Monde Diplomatique (edición chilena), n° 29, abril de 2003, pp. 32-33.

2 GARCÍA-MINA, Ana. “El ser humano como tele-espectador de vidas ajenas”, en Sal Terrae, Ediciones Sal Terrae, Madrid, 2003, p. 463.

3 Sobre este tema ver: HABERMAS, Jürgen. Teoría de la acción comunicativa, Taurus, Madrid, 1987; y más recientemente; TAYLOR, Charles. La ética de la autenticidad, Paidós, Barcelona, 1994.

4 BEJAR, Helena. El ámbito íntimo.Privacidad, individualismo y modernidad, Alianza Universidad, Madrid, 1995, p. 106. Nótese que la definición de confianza de Luhmann es distinta de la anterior de Béjar. Esta última dirigida a la confianza en las personas, la anterior, orientada a nuestra relación con las instituciones modernas: ¡Hemos terminado confiando más en las instituciones que en las personas!

5 Fuente: Informe PNUD 2002: Nosotros los chilenos un desafío cultural, PNUD, Santiago, 2002, p. 228.

6 Idem, p. 229.

7 El programa se llama Dismiss: rechazar o descartar.

8 Idem, p. 226.

9 Cfr. PNUD 2002, p. 226.

10 Una reflexión más profunda respecto al tema de la identidad en: BINIMELIS, Helder. Nuevos Movimientos Sociales: Percepción de la Realidad y Capacidad de Acción, Tesis, Magíster en Estudios Sociales y Políticos Latinoamericanos, ILADES – Universidad Jesuita Alberto Hurtado, Santiago, 2001, pp. 84-100.

11 GELLNER, Ernest. Condiciones de la Libertad. La sociedad civil y sus rivales. Paidós, Barcelona, 1996.p. 99.

12 TOURAINE, Alain. Igualdad y diversidad. Las nuevas tareas de la democracia. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 1998, p. 53.

13 DERMOTA, Ken. Chile Inédito. El periodismo bajo democracia. Ediciones B, Santiago, 2002, especialmente, pp. 235-391.

14 Respecto al tema del racismo oculto en la sociedad chilena, ver: LARRAÍN, Jorge. Identidad Chilena, LOM, Santiago, 2001, pp. 226-233. Por otro lado el Informe del PNUD 2002, ya citado, da a conocer una encuesta donde un 83% de personas señala que “Aunque ocasionen trastornos se debe apoyar a los mapuches cuando defienden las tierras de sus antepasados”. Op. Cit., p. 249.

15 No es el objetivo de este trabajo entregar una visión exhaustiva de la diversidad de identidades juveniles. Para quien se interese en una visión más amplia al respecto ver: REGUILLO, Rossana. Emergencia de Culturas Juveniles. Estrategias de Desencanto, Norma Editorial, Bogotá, 2000, especialmente pp. 97-139.

16 INJUV. La Eventualidad de la Inclusión: Jóvenes chilenos a comienzos del nuevo siglo. Principales Resultados Tercera Encuesta Nacional de Juventud, Instituto Nacional de Juventud, Santiago, 2000. Publicado en: www.injuv.gob.cl, p. 42.

17 Esta información ha sido tomada de: SERVANT, Jean. La serie de televisión que convulsiona a la nueva Sudáfrica, en Le Monde Diplomatique (edición chilena), n° 10, julio de 2001, pp. 8-9.

4. Bibliografía

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  • HABERMAS, Jürgen. Teoría de la acción comunicativa, Taurus, Madrid, 1987.

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  • KLINENBERG, Eric. La voz monocorde de los medios estadounidenses, en Le Monde Diplomatique (edición chilena), n° 29, abril de 2003, pp. 32-33.

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  • TOURAINE, Alain. Igualdad y diversidad. Las nuevas tareas de la democracia. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 1998.

 

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